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De la reflexión sobre integridad artificial a su inclusión práctica en sistemas donde personas, procesos y tecnología debemos operar con coherencia.
Anteriormente hablé de la integridad artificial como un concepto que conecta el comportamiento humano y el de las máquinas. Comenté que la coherencia entre intención, diseño y acción es lo que hace confiable a un sistema. Ahora quiero pasar del principio a la práctica, del espejo filosófico al taller operativo.
No podemos programar la integridad directamente en las máquinas. Sin embargo, deberíamos diseñar condiciones que la habiliten, tanto en nuestros equipos como en nuestros procesos y marcos de trabajo. La cuestión no es si la IA se comporta éticamente, sino si los sistemas humanos que la rodean lo son.
Según Mann, la integridad de una máquina reside en la coherencia entre su propósito, diseño, datos y operación. Pero cuando hablamos de sistemas inteligentes, donde personas y máquinas actúan conjuntamente, la cosa cambia. Allí la integridad depende también de mantener la coherencia entre múltiples capas: propósito, gobernanza, arquitectura y operación cotidiana.
Esa coherencia no puede lograrse solo mediante control técnico. Requiere un sentido compartido de participación. Requiere la comprensión, por parte de todos los involucrados, de cómo sus acciones contribuyen al propósito del sistema. Ahí es donde las herramientas y los marcos de trabajo se vuelven indispensables.
En mi propio trabajo, he desarrollado una tríada de artefactos operativos que ayudan a crear y sostener esa coherencia:
Estos y otros componentes de P4Mf, operando juntos, permiten que cada organización trate a la integridad como una propiedad operativa. Es decir, como algo que puede cultivarse, medirse y mejorarse.
El desafío no es lograr que las máquinas sean más “éticas”, sino que los sistemas humanos sean más íntegros. Esto implica diseñar entornos de trabajo donde las intenciones, los procesos y las responsabilidades permanezcan alineados incluso bajo presión. Sólo así la integridad será una condición de efectividad y no un eslogan.
La IA no corregirá nuestra falta de integridad, pero los sistemas inteligentes pueden ayudarnos a rendirnos cuentas a nosotros mismos. Para eso deberíamos aprender a incorporarla en nuestros procesos, haciendo de la coherencia un criterio de diseño. P4Mf fortalecería tu capacidad para conseguir ese objetivo.
El camino hacia adelante reside en esa reciprocidad: máquinas que reflejan nuestros sistemas, y sistemas que reflejan nuestras intenciones. Cuando ambos reflejos mantienen coherencia, la integridad deja de ser una aspiración y se convierte en una realidad operativa compartida.
No me aceptes. Discurre. ¿Hay casos hoy donde notas incoherencias en los sistemas en que participas? ¿Qué tan claro es el compromiso humano para reaccionar en esos casos?